Las hermanas
Oblatas se dedican desde hace ciento cincuenta años a caminar junto a mujeres
que ejercen la prostitución y se encuentran en situaciones de exclusión social.
Comenzaron en Madrid en 1870 y su misión se ha extendido por todo el mundo. Su
nombre expresa la personalidad de la congregación, mujeres sensibles al dolor
de otras mujeres. Su entrega-como ellas mismas dicen-debe ser total y hasta las
últimas consecuencias. La misericordia, la gratuidad, la alegría y la
solidaridad son algunos de los rasgos que las definen.
Hablamos con Marta Serrano, educadora social
y responsable del centro de acogida Oblatas en Murcia;
la que suscribe comparte apellido, pero ya le gustaría tenerla en el
árbol genealógico. Marta tiene una sensibilidad especial y la demuestra con
cada palabra que dice.
El Programa Oblatas y Marta se encontraron
por casualidad hace seis años: ”terminé la carrera en 2007 y tenía el
listado del Prácticum que nos habían dado, eché en todos ellos los currículos y
me llamaron, hice la entrevista en Oblatas ese mismo año y allí estoy”.
Además del centro de acogida, tienen un trabajo de calle en el que Marta
estaba deseando empezar, aunque otras compañeras marcaron un poco el camino. “Yo ahí lo tuve un poco fácil -nos
cuenta- porque el proyecto de trabajo de
calle no lo empecé yo. Lo empezaron dos compañeras mías. Entonces ya nos
conocían, ya sabían que éramos de una entidad, se había roto esa desconfianza al pensar que
podríamos ser de la policía, a denunciar; entonces, ya es más fácil cuando te
conocen. Siempre hay mujeres nuevas;
las mujeres cambian mucho, pero ya está el camino hecho, porque si hay quince
mujeres que son las de siempre y luego hay una nueva, al ver que hablan con
nosotras, es más fácil”.
Las hermanas Oblatas tienen una plataforma
de participación en la que se desarrollan principalmente labores de formación,
acompañamiento y apoyo. El papel del voluntariado es importante, por la
relación especial que se establece con las personas que forman parte del
proyecto. Por eso, no todo el mundo sirve: “una
educadora social es la responsable del voluntariado. Hace las entrevistas con
los voluntarios, habla con ellos a ver qué buscan, desde dónde se proponen
ayudar. Nosotras trabajamos con personas, con mujeres y cada una de ellas tiene
su historia personal y tienen que ir contando su historia cuando ellas quieran,
cuando se sientan cómodas, no necesitan que nadie las esté interrogando; entonces
esa falta de tacto y querer sacar la
curiosidad, no”-dice con rotundidad.
¿Qué es lo
que se ofrece desde Oblatas a las mujeres que ejercen la prostitución? En un
modelo ideal, como nos comenta Marta, no existiría la prostitución, pero ellas
son realistas y si no pueden dejar la prostitución, que lo hagan en las mejores
condiciones posibles: “Que se cuiden de
no subirse en un coche con muchos chicos, que usen preservativo, que se hagan
revisiones ginecológicas, que cuiden su salud, que se acerquen a la red de
recursos, a Servicios Sociales, que escolaricen a sus niños, que sus hijos
vengan a refuerzo escolar; nosotras podemos ofrecerles ese tipo de cosas, pero
no les podemos ofrecer un trabajo para que dejen eso. Les ofrecemos atención
jurídica, orientación psicológica... es un camino muy lento. El objetivo es
salir a la calle y mostrarles el camino por el cual pueden acceder a otras
cosas”.
A Marta Serrano ha vivido muchas cosas
buenas en el centro, no podría destacar ninguna porque han sido todas muy
especiales, pero recuerda la última: “el
viernes estuve acompañando en un parto. Para mí es bonito el hecho de que una
mujer me pida que la acompañe a dar a luz, pero también es triste estar allí en
La Arrixaca y ver que todo el mundo va con su familia y esa mujer, únicamente
conmigo y muy agradecida. Ella me dice que soy su padre, su madre, su
hermano... su familia”.
Todo el mundo puede desconectar en mayor o
menor medida de su trabajo, pero el de Marta está lleno de satisfacciones y
logros, por eso, como ella nos dice al final de su encuentro con nosotros: “lo
llevo bien, porque me quedo con lo positivo”. Y tomamos buena nota.
Ana Serrano